No te entiendes.
Sales entre sonrisas confiadas y reales.
Caminas y te desplazas de forma segura.
Esperas ansioso en un rincón aislado.
Pierdes la cabeza...
Apareces en dirección indeterminada en una calle conocida.
Caminas reprochándote una mala conjugación de verbos.
Subes a un exprimidor de humanos y te sientes bien.
Juegas con la conciencia.
Bajas y vuelves a dispararte hacia el núcleo.
De pronto mueres.
Despiertas en un charco de energías tiradas.
Te abres paso entre el frío hasta el regocijo de un calor externo.
Vuelves a tocar el piso y revientan tus carnes hacia dentro.
Presión triple y humedad excesiva.
Intentas deshacerte de lo inservible.
Te fundes con artefacto de ruido molesto.
Te haces zombie.
Acabas petrificándote en un papel virtual.
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